¿Son estas las innovaciones que nos salvarán del cambio climático?

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Ha sido un año importante —algunos dirían que aterrador— para los datos del clima. Las altas temperaturas han llevado al planeta Tierra al período más caluroso registrado en la historia; agosto de 2016 fue el agosto más caluroso que se haya registrado junto con julio de 2016, registrado como el mes más caluroso desde que se comenzó a llevar el registro 136 años atrás.

Ahora estamos atravesando una nueva «realidad en el cambio climático», con niveles de dióxido de carbono en la atmósfera que han superado el umbral simbólico de 400 partes por millón en promedio durante todo el 2015. Los científicos advierten que es poco probable que las concentraciones de CO2 desciendan por debajo de esta marca durante las próximas generaciones.

En otra parte, el Ártico sufrió su invierno más cálido en los registros y las capas de hielo de la región están desapareciendo más rápido de lo previsto, con repercusiones que van más allá de los daños al medioambiente, como los crecientes niveles del mar. Según la opinión de dos expertos en el Ártico en este informe reciente: «Vivimos en un mundo conectado, y lo que sucede en el Ártico no se queda en el Ártico.» Las sociedades y las economías también están en peligro, sostienen.

A nuestros océanos no les está yendo mucho mejor. Un informe reciente descubrió que, según las tendencias actuales, podría haber más plástico que peces en nuestros océanos para el 2050, la Gran Barrera de Coral permanece en terapia intensiva y, de acuerdo con un informe de la WWF, la cantidad de peces, aves marinas, ballenas y otras especies marinas se ha reducido en un 50 % en solo 40 años.

Además, la contaminación del aire, está matando 18.000 personas todos los días. La OMS atribuye 6,5 millones de muertes al año a la contaminación, más que la cantidad de personas que mueren por el VIH/SIDA, la tuberculosis y los accidentes de tránsito juntos. De hecho, actualmente es la cuarta amenaza más importante a la vida humana (después de la hipertensión, la mala alimentación y el cigarrillo).

Por donde se mire, el mensaje es claro: debemos actuar ahora para evitar un desastre ambiental.

El histórico Acuerdo de París del año pasado y la adopción de Objetivos de Desarrollo Sostenibles demostraron que la voluntad política está ahí para hacerle frente a uno de los desafíos globales más urgentes de nuestro tiempo.

Pero se necesitará más que la sola acción gubernamental para ayudar a los países a cumplir con los compromisos del Acuerdo de París y revertir algunos de los peores efectos del cambio climático. Ideas radicales, innovaciones revolucionarias y nuevos (y más ecológicos) modelos de negocios serán necesarios si queremos limpiar nuestro aire, repoblar nuestros océanos y detener el avance del calentamiento global.

Esta serie de artículos expone algunas de las grandes ideas que van a la vanguardia de la lucha contra el cambio climático. Desde convertir las emisiones de carbono en plástico y reciclar todo lo que usamos, hasta un desarrollo urbano respetuoso con el clima y la búsqueda de un reemplazo para la carne roja, ¿son estas las soluciones que podrían salvar nuestro planeta de una catástrofe climática?

Hacer plástico con aire

Hace décadas que sabemos que el exceso de emisiones de gases de efecto invernadero daña el medioambiente y causa el calentamiento global. Y durante los últimos 13 años, Mark Herrema, cofundador y director ejecutivo de Newlight Technologies, ha estado buscando una solución.

En la actualidad, su empresa captura estas emisiones, para combinarlas con aire y convertirlas en un material similar al plástico denominado AirCarbon.

«Sin petróleo. Sin combustibles fósiles», escribe en este artículo. «Solo aire y emisiones de carbono capturadas que, de otra forma, se convertirían en parte del aire, combinados.

«El AirCarbon es un material especial. Se produce en la mayoría de los organismos vivos conocidos, desde humanos a tigres o árboles; una antigua molécula evolutiva que se utiliza para almacenar carbono. Es biodegradable y tan fuerte como el plástico, y puede derretirse y modelarse».

Concreto autorreparable y papel electrónico

Convertir la contaminación en plástico no es la única innovación que puede cambiar la manera en la que consumimos los productos habituales. Gill Cassar, jefa de Programas sobre el Medioambiente y la Sostenibilidad en el Foro Económico Mundial, examina cinco productos cotidianos que pronto podrían ser fabricados con cosas extraordinarias.

«Miremos a nuestro alrededor. Muchos de los productos que vemos fueron hechos mediante procesos industriales que tienen al menos un siglo de antigüedad. Eso tiene que cambiar,» escribe.

«Desde el plástico hasta el cemento, esta transición reduce la huella ambiental de las industrias y, con frecuencia, también mejora la utilidad del producto terminado».

Reciclar todo

Estamos muy acostumbrados a separar nuestros productos de papel, plástico y aluminio del resto de nuestra basura para que pueda reciclarse. Pero en una era en la que todo lo que producimos puede reciclarse, ¿por qué no lo estamos haciendo?

Tom Szaky, director ejecutivo de TerraCycle, una empresa que se especializa en reciclar desechos difíciles de reciclar (como colillas de cigarrillos, bolígrafos, filtros de agua, cepillos de dientes usados y hasta pañales sucios), aborda esta cuestión en su artículo para nuestra serie.

Szaky sostiene que si bien el reciclaje está capacitando a los consumidores, los índices de reciclaje se han estancado durante la última década y no se hace lo suficiente para acortar la «brecha verde» entre los valores y la acción.

«La economía, y no la ciencia avanzada, es la que determina la reciclabilidad: un material es reciclado solo si se puede hacer dinero al recolectarlo, separarlo y reciclarlo,» dice.

Con 7,6 mil millones de toneladas de desechos sólidos generados cada año solo en los EE. UU., las consecuencias de no cerrar esta brecha son terribles, para todos nosotros.

Adaptarse o morir

Nuestras ciudades solo cubren el 2,6 % de la superficie mundial, pero para el 2050 alrededor del 75 % de nosotros viviremos en alguna de ellas. Esto coloca a nuestras áreas urbanas directamente en las primeras líneas del cambio climático, y los planificadores urbanos y los funcionarios electos tienen una gran parte de la responsabilidad.

«La concentración masiva de personas en las ciudades en las próximas décadas, especialmente en África y Asia, casi con seguridad empeorará la congestión del tráfico, agravará la calidad del aire y aumentará la cantidad de desechos,» escribe Robert Muggah, Director de Investigaciones en el Instituto Igarapé.

Sin embargo, si bien las ciudades son una parte innegable del problema, también cumplirán un papel fundamental en cualquier solución para prevenir el cambio climático y mitigar sus efectos. Afortunadamente, los líderes más informados en algunas ciudades del mundo ya están tomando medidas y cambiando las cosas, al aliviar la congestión y reducir las emisiones, mientras que también apuntan a atraer trabajadores altamente capacitados y a hacer crecer sus economías. Tengamos la esperanza de que el resto del mundo les preste atención.

Lo que el pasado nos dice sobre nuestro futuro

¿Qué podemos aprender de la guerra de China contra la contaminación? Bastante, en realidad, dice Changhua Wu, director de TIR Consulting en China y Asia. Se ha progresado: las concentraciones de la contaminación atmosférica han estado disminuyendo y China lleva la iniciativa mundial en gastos para energías renovables, pero con una mirada al cielo en un típico día en Pekín, nos daremos cuenta de que todavía queda mucho por hacer.

«No ha sido un viaje fácil», escribe. «El éxito requiere voluntad política al más alto nivel para hacer frente a la falta de armonía entre el hombre y la naturaleza, lo que representa una restricción importante al crecimiento económico.»

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