Contaminación Atmosférica por Olores

Contaminación Atmosférica

La presencia, o mejor dicho la ausencia, de malos olores en una atmósfera es un aspecto fundamental cuando se habla de calidad ambiental del aire. De hecho, la contaminación atmosférica por olores es un problema para el que desde hace décadas se vienen aportando soluciones, que en su mayoría consisten en limitar la emisión de moléculas que provocan malos olores en concentraciones que no alcancen su umbral olfativo. Con este fin se han desarrollado técnicas de eliminación de olores en estaciones depuradoras de aguas residuales tanto urbanas como industriales, así como otras técnicas de tratamiento de aire entre las que podríamos destacar la adsorción en carbón activo o el lavado de gases.

Por otra parte, para lo que es la medición de las concentraciones de moléculas odoríferas se acostumbran a utilizar técnicas de Análisis Químico entre las que cabe destacar la cromatografía de gases. Sin embargo, conviene precisar que el Análisis Químico no determina olores, sino que identifica y cuantifica las moléculas que los producen.

A pesar de la existencia de este problema, es curioso constatar que, durante décadas, no se han desarrollado normativas conducentes a limitar la inmisión de malos olores: ni en la UE ni en España. Esto obedece, fundamentalmente, a que el olor es una sensación subjetiva cuya medida ha necesitado primeramente del desarrollo empírico de una técnica sensorial, que una vez acreditada por su utilidad, ha permitido definir una metrología normalizada.

Esta técnica sensorial es la Olfatometría, que se ha desarrollado y acreditado en las últimas décadas, y que desde febrero de 2005 ha sido recogida en la norma UNE- EN 13725 sobre “Calidad del aire- Determinación de la concentración de olor por Olfatometría Dinámica”. Esta norma debería servir de base para la promulgación de normativas de calidad ambiental, como ha sucedido en Cataluña con su Anteproyecto de Ley contra la Contaminación Odorífera.

Así pues tenemos ante nosotros un panorama en el que, por un lado, se contempla que se puede abrir paso a la adopción práctica de esta nueva tecnología mediante leyes y normativas en las Comunidades Autónomas y en el Estado. Y, por otro lado, que la aportación de la Química Analítica en el análisis de moléculas odoríferas y la Olfatometría en el análisis de olores constituyen dos técnicas complementarias cuyo adecuado acoplamiento permite el diseño de alternativas para la solución de problemas de contaminación atmosférica por olores.

 

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